Implantación de GMAO

Lo que nadie revisa antes de implantar un GMAO o un MES: el estado de tu infraestructura

Antes de firmar la implantación de un GMAO o un MES conviene revisar lo que el análisis funcional no mira: el estado real del armario de comunicaciones, el direccionamiento disponible, cuántos terminales nuevos añade el proyecto y qué compra implica. En una planta lo descubrimos ya dentro: costó cinco días no previstos.

Por Equipo de Okron

Contenido elaborado por el equipo de Okron (OCTOSOFT S.L.), desarrolladores de software GMAO que trabajan a diario con responsables y técnicos de mantenimiento industrial.

El mismo rack de comunicaciones antes y después de la revisión: a la izquierda, latiguillos sin recorrido ni etiquetar; a la derecha, el cableado peinado, etiquetado y los equipos alineados.

Abrimos el armario de comunicaciones —el rack donde terminan todos los cables de datos de la planta— y dentro no había nada que permitiera saber qué era cada cosa. Latiguillos cruzados sin recorrido reconocible, ninguna etiqueta, ningún esquema, ningún registro de qué se había conectado ni cuándo. Una empresa del sector alimentario, sin informático interno, con la red montada tiempo atrás por una empresa externa.

El proyecto de GMAO y MES —Manufacturing Execution System, el sistema que gobierna la ejecución en fábrica— ya estaba en marcha. Y al ir a conectar los primeros equipos apareció el problema de verdad: «Habían fulminado las IPs, todo el rango estaba a tope». No había direcciones muertas que recuperar. Cada una la estaba usando un equipo real: terminales, impresoras nuevas, cosas que se habían ido conectando cuando hicieron falta.

Cinco días enteros de trabajo no previstos, dentro de un proyecto ya dimensionado y firmado.

El análisis funcional de un GMAO no suele mirar esto. Se revisa la estructura de activos, se revisan los planes de preventivo, se revisa quién cierra las órdenes. El armario de comunicaciones rara vez entra en esa conversación, y en este proyecto no entró. Y el software, por bueno que sea, se apoya en una red que alguien tiene que haber contado antes.

Tu red de planta no tiene dueño

Cuando la red la montó una empresa externa y en la planta no hay informático interno, la red no es de nadie. No hay nadie que la mire una vez al año, ni que sepa cuántas direcciones quedan libres, ni que actualice un esquema. Crece conexión a conexión: cada vez que hace falta enchufar algo, se enchufa.

Los técnicos externos que van pasando después tampoco la adoptan. «Los externos que venían no querían ni verlo.» Es una reacción razonable: nadie quiere ser el que toca un cable sin etiquetar y deja media planta sin datos. «No querían meterse en esa fiesta.»

Y documentarla no suele estar en la lista de obligaciones de nadie. Una norma técnica es, por definición legal, una especificación «cuya observancia no es obligatoria» —lo dice el artículo 8.3 de la Ley 21/1992, de Industria—, salvo que un reglamento remita a ella y la convierta en exigible. Y el reglamento que regula infraestructuras de telecomunicación en edificios, el RD 346/2011, tiene otro ámbito: el de las infraestructuras comunes en el interior de los edificios, no el de la red de datos interna de una planta. Eso no demuestra que no exista ninguna obligación aplicable —depende del sector, del seguro y de lo que diga el contrato—, pero en la práctica, en las plantas donde entramos, no hay nadie llamando a la puerta para pedir el esquema del armario.

Así que el orden solo existe si alguien dentro de la planta decide que existe. Y aquí va un juicio del consultor que hizo el trabajo, basado en lo que ve en campo y no en ningún estudio: «Es lo último que mira la gente, cómo está mi infraestructura».

Qué revisar antes de firmar la implantación

Cuatro comprobaciones, y ninguna necesita un proyecto de ingeniería para hacerse:

  1. El estado real del armario de comunicaciones y de su cableado.
  2. Cuántas direcciones quedan libres en el direccionamiento actual.
  3. Cuántos terminales nuevos añade el proyecto y qué compra implica.
  4. Si la red está segmentada o todo cuelga del mismo sitio.

El armario de comunicaciones: el estado real, no el recuerdo

Se abre el armario y se comprueba qué hay conectado de verdad, no lo que alguien recuerda que se conectó. La diferencia entre las dos cosas suele ser el trabajo.

El método que usamos en esa planta no tiene misterio: cable por cable, con generador de tonos y sonda. Se inyecta una señal en un extremo del cable y se localiza el otro extremo con la sonda. Es lento y no hay atajo, porque el objetivo no es adivinar el trazado sino confirmarlo.

Y antes de imprimir una sola etiqueta se define la estructura y el formato: qué identifica cada etiqueta, en qué orden y con qué criterio. Si eso se decide sobre la marcha, a mitad del armario ya hay dos sistemas conviviendo. Definido el formato, se imprime y se etiqueta uno por uno.

Hay normas que tratan este terreno, aunque ninguna que sepamos se lo imponga a una planta. ISO/IEC 14763-2 se ocupa de la planificación y la instalación del cableado de cliente, y entre los aspectos que enumera en su alcance están «documentation», «administration», «inspection» y «maintenance». ISO/IEC TR 14763-2-1 es un informe técnico dedicado específicamente a los identificadores. Existen otras referencias en los ámbitos europeo y estadounidense —EN 50174-1, ANSI/TIA-606—, que son documentos de pago no consultados aquí. Se citan por lo que son: prueba de que el problema está tratado y de que hay criterios publicados a los que agarrarse, no fuente de ningún requisito concreto.

El direccionamiento: cuánto rango queda libre

Antes de añadir un solo terminal hay que contar cuántas direcciones libres quedan. El direccionamiento es el reparto de direcciones IP entre los equipos conectados, y lo que decide cuántos equipos caben es la máscara con la que se montó la red. Ampliarla después, con la planta funcionando, es un trabajo, no un ajuste.

Los rangos privados que usa prácticamente cualquier red de planta están definidos en la RFC 1918, de febrero de 1996: 10.0.0.0/8, 172.16.0.0/12 y 192.168.0.0/16. Ese mismo documento, en sus consideraciones operativas, ya recomendaba en 1996 «make an addressing plan with a good growth path» —hacer un plan de direccionamiento con una buena vía de crecimiento—. Treinta años después, lo que aparece en planta casi nunca es que falten direcciones: es que nadie hizo ese plan.

En la planta del caso no había margen de ninguna clase. El rango estaba a tope y ocupado por equipos vivos: nada que liberar, nada muerto que recuperar. La única salida era redimensionarlo, y eso no se improvisa el día que llegan los terminales.

Los terminales nuevos: cuántos añade el proyecto y qué compra implica

Un GMAO y un MES añaden puestos que hoy no existen. Esa cuenta hay que hacerla antes de firmar, porque se traduce en compra: paneles de parcheo —los patch panels donde terminan los cables de datos—, electrónica de red y direcciones disponibles.

Conviene inventariar puesto por puesto qué va a necesitar conexión: terminales en taller y en línea, dispositivos móviles con la app de mantenimiento que usan los técnicos, y los puntos que exija la captura de datos de máquina si el proyecto la incluye. Cada uno de esos elementos ocupa una boca, una dirección o cobertura inalámbrica, y algunos las tres cosas.

No hay un número típico que sirva de referencia y no se va a inventar aquí: depende de las líneas, del reparto del equipo técnico y de cómo se decida trabajar. Lo que sí es constante es el orden de las operaciones. Primero se cuentan los puestos, después se mira si la infraestructura los admite, y solo entonces se cierra el presupuesto.

La segmentación: separar antes de crecer

Si todo cuelga del mismo segmento, el tráfico que un equipo lanza a todos llega efectivamente a todos, y cualquier problema —un bucle de red, un equipo que empieza a repartir direcciones por su cuenta— se propaga por toda la planta. Segmentar es dividir esa red única en varias, y la forma habitual de hacerlo sin tirar cable nuevo son las VLAN: redes separadas de forma lógica sobre la misma infraestructura física.

Agrupar los equipos por zonas no es una ocurrencia: está formalizado en IEC 62443-3-2, la parte de la serie 62443 que trata la partición del sistema en zonas y conductos para evaluar el riesgo de seguridad. Se cita como referencia conceptual, nada más. INCIBE-CERT lo explicó en 2018 con una definición útil de zona: «agrupaciones de activos físicos o lógicos que comparten requisitos comunes de seguridad, las cuales tienen la frontera (física o lógica) claramente definida».

En el caso que abre este artículo se redimensionó el rango y se repartió la red en varias VLAN. La razón principal no fue de seguridad sino de crecimiento: dejar sitio ordenado para lo que el proyecto iba a añadir, en lugar de seguir colgando equipos del mismo sitio hasta que dejara de funcionar.

Qué costó y qué quedó

Cinco días enteros no previstos. Los hizo el consultor de Okron junto con los mecánicos de la planta, que fueron quienes sabían por dónde pasaba cada cosa. Es un dato declarado por quien estuvo allí, no una medición: nadie llevaba un parte de horas de ese trabajo.

No hubo que parar producción: el trabajo se hizo con la planta en marcha. No conviene darlo por supuesto en cualquier instalación —depende de qué cuelgue de cada cable—, pero sí es una de las preguntas que se pueden hacer antes de firmar.

Qué quedó al terminar:

  • El armario ordenado y el cableado etiquetado, cable por cable.
  • Un esquema documentado de la instalación.
  • Un registro de qué hay conectado y dónde.
  • El rango de direcciones redimensionado.
  • La red repartida en varias VLAN.

Y ahora lo que no hay, que también es información: no hay cifras de antes y después. No se midió disponibilidad de red, ni incidencias, ni tiempo de resolución, ni nada que permita afirmar una mejora en porcentaje. Decir que la planta «mejoró un X %» sería inventárselo.

Sobre lo que podría haber pasado, la previsión del consultor —previsión, no incidente— era que sin esta revisión el proyecto se habría encontrado con caídas intermitentes y con terminales que necesitan dirección y no la tienen. No pasó. Que no pasara gracias al trabajo hecho es lo razonable de pensar, pero no está demostrado: no se midió nada antes.

Antes de firmar, pregunta por la red

Hay dos formas de que esto no te explote a mitad de proyecto: meter la revisión de infraestructura dentro del alcance contratado, o hacerla antes y llegar a la firma sabiendo lo que tienes. Las dos son válidas. Lo que no funciona es descubrirlo el día que se conecta el primer terminal, porque para entonces ya hay fechas comprometidas y el trabajo entra a empujones.

Con una condición que conviene decir: si en tu planta hay un informático interno, un esquema actualizado y alguien que sepa cuántas direcciones quedan libres, esto se resuelve en una reunión de media hora y no hace falta nada más. El problema aparece cuando la respuesta a «¿quién lleva la red?» es un silencio.

Y si vas a implantar un GMAO o un MES en los próximos meses, la pregunta que más barato sale hacerse hoy es esa misma. Si no tienes respuesta, escríbenos y lo hablamos antes de que haya un calendario cerrado.

Preguntas frecuentes

Preguntas frecuentes

  • ¿Qué hay que revisar en la red antes de implantar un GMAO o un MES?

    Cuatro frentes: el estado real del armario de comunicaciones y su cableado, el direccionamiento disponible, cuántos terminales nuevos añade el proyecto y si la red está segmentada. El análisis funcional del software no suele cubrir ninguno de los cuatro.

  • ¿Es obligatorio etiquetar y documentar el cableado de una planta?

    No conocemos ningún reglamento que lo exija con carácter general para la red de datos interna de una planta: el RD 346/2011 regula las infraestructuras comunes en el interior de los edificios, que es otro ámbito. Las normas técnicas son, por definición legal, de observancia voluntaria (Ley 21/1992, artículo 8.3), salvo cuando un reglamento remite a ellas y las hace exigibles. Hay normas de referencia sobre documentación de cableado —ISO/IEC 14763-2, EN 50174-1, ANSI/TIA-606— y conviene comprobar además qué exigen el sector, el seguro y el contrato de cada planta.

  • ¿Cuánto cuesta revisar y etiquetar un armario de comunicaciones desordenado?

    Depende del estado de partida. En un caso real, revisar cable por cable, etiquetar y documentar llevó unos cinco días enteros de un consultor junto con los mecánicos de la planta. Es un dato declarado de ese caso, no una medición ni una media del sector.

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